Filosofando en Quiénes Somos… más allá del pensamiento…

A veces pienso que nuestra personalidad no tendría lugar si no fuera por las palabras y el lenguaje. Si no existieran las palabras ni la comunicación verbal quizás no seríamos capaces de conformar nuestro ego o nuestra personalidad, por lo que quizás nuestra relaciones serían totalmente diferentes.

Nos pasamos todos el tiempo definiendo, interpretando y percibiendo «la realidad» llena de conceptos y de significados. Todo lo que percibimos nuestra mente le asigna una serie de significados de tal forma que entendemos la realidad como un concepto. Sin embargo esto es solamente una opción…

¿Qué pasaría si no existiera el lenguaje o no existiera las palabras?

Quizás tendríamos otra forma diferente de comunicarnos. Por lo que el lenguaje ha podido ser una opción pero no es la única opción. Tan solo es la opción que un día tomamos y hemos ido alargando en el tiempo.

Gracias a todo esto tenemos una idea de saber quiénes somos… ideas conceptuales y llenas de significados. De tal forma que para saber quién eres utilizas una serie de recuerdos y un juego de palabras para poder definirte. Sin embargo el lenguaje ha sido inventando por lo que tu personalidad/ego también es inventado.

Entonces… ¿Quiénes somos realmente? si no somos un conjunto de definiciones y significados ¿Qué es lo que quedaría?

En cualquier proceso de autoindagación cuando llegas al entendimiento del «no lenguaje» (el silencio) es muy difícil de expresar la esencia del momento, la simpleza… Creo que todos lo intentamos, pero es complicado poner palabras en algo que cuando lo haces deja de tener sentido.

Ese proceso de autoindagación es muy intimo y nadie te lo puedo contar. Es en ese momento cuando descubres la espiritualidad (el no lenguaje), que desvincula el significado de cada una de las palabras.

El problema viene a ser a que utilizamos la espiritualidad para traerla a nuestro mundo y hacer de tu vida una vida mejor. De tal forma que espiritualizamos nuestra personalidad para que sea una personalidad menos sufriente espiritualizada. Y la espiritualidad no tiene nada que ver con el comportamiento. No tiene nada que ver con lo que hagas o dejes de hacer, es algo mucho más intimo y sencillo…

A lo que se puedes ser un cabrón y a la misma vez ser espiritual…

Y muchas personas dirían que eso no puede ser… y  volvemos a lo mismo. Llenamos esa palabra de significados de lo que para uno significa ser espiritual y volvemos a perdernos en un juego de palabras. Todo sigue siendo un juego de percepción, de percibir «la realidad» desde un filtro mental que todo lo interpreta a tu manera (a una manera muy limitada y muy pequeña de ver las cosas).

Sin embargo la vida siempre se abre camino y te demuestra lo equivocado que estás desde ese punto tan limitado de ver las cosas.

Posiblemente estés en un punto donde puedas contemplar a tu personalidad/ego/personaje y veas cómo funciona. Seguramente intentes de alguna manera controlarla, cambiarla o incluso eliminarla como en muchas ocasiones se dice.

Y vuelve a entrar el mismo juego… «un yo» que quiere eliminar, cambiar o modificar. Volviendo a ser tu personalidad disfrazada la que quiere cambiarse para seguir manteniendo tu atención.

En ocasiones me pregunto… ¿Hay algo realmente que uno pueda hacer cuando está en un proceso de autodescubrimiento?

Siempre me lleva a la misma respuesta. No hay nada en realidad que tu puedas hacer como persona o como ego, no puedes hacer nada. Ya que todo se está haciendo a través de ti. Todo lo que decidas hacer será tu personaje quien lo quiera hacer para conseguir algo (tu atención).

Por lo que el proceso se está haciendo continuamente. Y veo que en ese entendimiento de ver a ese juego es el que contempla a ese personaje y es cuando se cae y deja de tener sentido. Aquí es cuando dejas de identificarte.

Por lo que al final, lo único que uno puede hacer es echarse a un lado y dejar de ese entendimiento tenga lugar. Lo que podemos hacer es no entorpecer como persona/ego en el proceso natural, esencial que la vida tiene en cada instante.  Quizás sea en esa acción de rendirse ante ese proceso tan natural, cuando llega «esa gran victoria».

Pero tenemos muchas resistencias a aceptar que la vida es como es. Que las cosas suceden porque tienen que suceder. Que las cosas se acaban porque tienen que acabar. Este es un mundo dual, variable, y si entramos en el juego de creer que somos lo que pensamos, estaremos subidos en una montaña rusa emocional que sube y que baja, que ahora me siento bien y que ahora me siento mal, mientras te crees que todo lo que te cuenta tu mente es verdad. Es un sufrimiento continuo.

Pienso tarde o temprano llega un momento que el sufrimiento es limitado. Llega un momento que tienes que echarte a un lado para ver todo esto. Quizás sea esta la única función de la vida en esencia. Quizás sea esto lo que realmente hemos venido a experimentar. Porque de lo contrario nada tiene sentido.

Todo lo que vemos aquí es un mundo de efectos, de distracción, es un truco…

Pero si sabemos usar cada una de las situaciones y experiencias vividas con este fin, podremos ver más allá de nuestra personalidad y de lo que pensamos. Ese es el verdadero autodescubrimiento, descubrirte más allá de lo que piensas.

Porque el pensamiento está muy viciado. El pensamiento se repite en cada una de las personas. Aparentemente crees que tienes una serie de pensamientos privados que piensas tú mismo, pero en le fondo no es así. Somos millones de personas en el mundo, y todo aquello que pensamos y recibimos (porque al final no eres tú quien los piensa), son pensamientos que ya han sido pensados por otras personas.

Es un pensamiento continuo mientras repetimos historias una y otra vez. Naces y mueres, todo es repetitivo. Y aunque parezca que todo es un misterio, pienso que lo único que hacemos es repetir patrones. De diferentes colores, con diferentes escenarios, pero en el fondo aquello que sentimos es lo mismo. Y todo apunta a ese mismo lugar, en saber quiénes somos realmente y para qué estamos aquí.

Deja un comentario